cómo desarrollar la empatía a través del movimiento

Los días 5 y 6 de mayo tuve el placer de asistir a la primera convocatoria de “La transformación digital de tu empresa junto a jóvenes talentos” organizada por Pymescuela, un proyecto con el propósito de unir el conocimiento de las pymes y las capacidades y las nuevas visiones de los millenials.

El trabajo se desarrolla en equipos a través de diversas técnicas de design thinking y pretende fortalecer precisamente la cohesión y la creatividad del grupo para llegar a alcanzar objetivos y resultados más grandes de los que conseguiríamos solos. En este entorno, la empatía resulta esencial, y es precisamente en ese espacio donde la danza juega un papel fundamental.

Y ¿por qué la danza? Porque es una actividad que favorece el bienestar físico y las relaciones sociales, flexibiliza el pensamiento, mejora nuestro estado de ánimo y permite que las personas tomen más riesgos y encuentren nuevas y múltiples posibilidades para resolver los problemas que se plantean1. Además, rompe con el inmovilismo y con las estructuras jerárquicas, reivindicando el juego y la alegría como herramientas de aprendizaje2. En definitiva, ayuda a generar un clima de confianza en el que poder compartir, sentir y experimentar el cuerpo y el espacio en un plano de igualdad, favoreciendo la comunicación y el desarrollo de la empatía.

Tras la presentación inicial del encuentro, pedí a los asistentes que se levantaran de sus sillas, se quitaran las americanas y los zapatos incómodos y aterrizaran físicamente en el espacio a través de su respiración. A partir de ese momento, y durante los siguientes quince minutos, propuse una serie de dinámicas orientadas a potenciar la empatía a través de juegos de escucha, presentación, imitación, descubrimiento del espacio y de las personas, de conciencia y liberación de tensiones, en las cuales el cuerpo en movimiento y la música se erigieron como principales protagonistas. Fue entonces cuando emergieron las sonrisas y las risas, y permitimos que el placer se convirtiera en un medio de transformación personal.

Llevar la danza a entornos donde no está presente, donde nadie la espera aparecer, resulta de lo más enriquecedor porque cuestiona ideas preconcebidas, relaja la mente y divierte, sirviendo como perfecto preparador para el trabajo que se desarrollará a continuación.

Los días 16 y 17 de junio tendrá lugar un nuevo encuentro y allí estaré aportando mis “píldoras de movimiento” una vez más, demostrando entre todos que el cuerpo es la herramienta de cambio más poderosa que tenemos.

Fotografías realizadas por Marina Estrada

1Peter Lovatt, (2013). Dance Psychology: The power of dance across behaviour and thinking. Psychology Review, 19 (1), 18-21.

2María Acaso, Bailar el conocimiento y Pedagogía sexy: recuperemos el placer como el eje de la educación

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