despertando la intuición a través de la danza: Flying Low

Mueves un dedo. Y entonces esa acción aparentemente tan minúscula genera una sucesión de micro reflejos a lo largo del brazo y también del cuerpo, que espera y observa expectante lo que sucede como un anticipo de lo que podría ocurrir a continuación. Puede que se trate del inicio de una gran o, por el contrario, pequeña serie de movimientos, pero ya supone algo sustancial: el punto de partida. Un detalle donde ya se encuentra, de algún modo, toda la voluntad contenida. A partir de ahí lo mejor será dejar que ese impulso primigenio recorra nuestra estructura ósea y nos lleve lógica y sutilmente a través del espacio, aprovechando los propios recursos de que disponemos.

Antes de tomar mi primera clase de flying low pensaba que lo más importante de esta técnica sería deslizarme grácilmente por el suelo, como realizando un vuelo bajo, subir deprisa y volver a bajar, sin detenerme a mirar demasiado. Entonces me encontraba muy lejos de saber lo que era y, aunque lo sigo estando, creo haber empezado a comprender y a acercarme un poco más a su esencia tan energizante y vital, que te recompone, despierta y activa tus reflejos, como si pudieras volverte un poco “más animal”, más atenta e instintiva, más rápida y ágil, permitiéndote incluso correr cuando crees que ya no tienes fuerzas y reír y disfrutar aunque pienses que no has entendido ni memorizado ni un paso de la serie que estás a punto de realizar.

Te enseña a respirar con el grupo, a moverte con los demás sin olvidar que eres un cuerpo unitario, cuyas extremidades y mirada, al servicio de la danza, conducen a cada individuo por un espacio vivo, mutable entre lo estático y lo dinámico. Un entorno cambiante y permeable del que cada cual se nutre y al que aporta algo de sí mismo con cada gesto, produciéndose de ese modo un incesante intercambio de energía que llena el vacío de experiencia; por eso es importante cada pequeña acción que se realiza para “traer” todo hacia y a través de una misma y para “enviar” todo al resto. Y esto sucede en un segundo. Ocurre tan deprisa que no queda lugar para la reflexión, sólo para la intuición y la atención consciente y calmada a través de un viaje dinámico en el que la relación constante de nuestro centro con la tierra constituye la base primordial y las espirales representan carreteras por las que conducir el movimiento a través del cuerpo.

Todo se comparte y sirve de enseñanza y aprendizaje para el grupo. Todo queda a disposición de todos. Todos nos convertimos en maestros y aprendices. Todo queda entonces conectado. Me pregunto si quizás ahí resida su secreto, ese fascinante ingrediente que su creador, el gran bailarín y docente David Zambrano, propaga por todo el mundo, ampliando así la extraordinaria red de cuerpos que configuran el fluctuante espacio de la danza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s