danza creativa

¿Qué es la danza creativa? ¿Qué elementos se trabajan en ella? ¿Cómo influye su práctica en nuestro cuerpo? ¿Cómo se enseña? ¿Cómo se aprende? ¿Qué puede aportar a las personas que nunca han bailado? ¿Y a las que ya son bailarinas?

La danza creativa es una danza libre que muestra a la persona su propio potencial creativo a través del movimiento, de la música y de la diversión que produce el mero hecho de bailar; no responde a una técnica específica; está libre de formas concretas y se manifiesta de acuerdo a las particularidades de cada cuerpo, adaptándose a sus capacidades y singularidades.

Sus posibilidades son infinitas. A veces, se alimenta de imágenes que se pueden corporeizar a través del movimiento; otras, simplemente se rige por el ritmo; se apoya en el uso de objetos, reales o inmateriales (ideas); y, la mayoría, mezcla todos los elementos simultánea o alternativamente, permeabilizándose de todo lo que la rodea, conectando, evolucionando y creciendo a través de cada gesto. Nos permite ser nosotros mismos y expresarnos sin más límites que los que nos queramos interponer, al mismo tiempo que nos ayuda también a traspasarlos y facilita que la alegría y el placer emerjan y quitemos importancia a lo que sucede para continuar explorando sin miedo (o con menos miedo) ese espacio creativo que se abre de manera natural al habitar el cuerpo.

Desarrolla y amplía nuestra conciencia física y espacial, nutre nuestra imaginación y libera nuestro ingenio. Así, a través de propuestas y juegos de improvisación, se investigan desde los detalles más particulares hasta lo más global y se buscan múltiples variables que puedan llegar a romper ideas preconcebidas o formas arquetípicas con las que el cuerpo ya estaba familiarizado de antemano, lanzándonos hacia lo desconocido y aportándonos una profunda visión y entendimiento de lo que es e integra el movimiento.

Y ante todo es impredecible: sólo se sabe el punto de partida y la pauta de trabajo elegida, pero hacia dónde llevará eso a cada individuo se ignora. Por ello es muy importante el desarrollo de la escucha, una escucha atenta y activa, tanto por parte de la persona facilitadora de la sesión como de los bailarines, hacia sí mismos y entre ellos, logrando de ese modo que se encuentren espacios de búsqueda y comprensión comunes que permitan avanzar en conjunto a lo largo de todo el proceso de creación.

En definitiva, considero que la danza creativa es una pregunta abierta en continuo estado interrogante, en continuo estado de respuesta, y sólo hay un modo de resolverla: bailando.

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