Body-Mind Centering: el viaje celular de los sentidos

Nunca antes me había detenido a escuchar a mis células, ni a pensar que éstas pudieran tener su propia conciencia y autonomía de funcionamiento hasta que tomé mis primeras clases de Body-Mind Centering. Resulta obvio decirlo, pero ¿alguna vez te has detenido a observarlo? Que el origen de la experiencia pueda residir en ellas parece asombroso y al mismo tiempo reconfortante. Siempre intentamos llegar más allá, descubrir lo lejano, lo desconocido, lo grandioso; y resulta que en nosotros se expande todo un universo interior tan infinito e insólito como el espacio exterior, aunque contenido bajo nuestra piel.

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el día que descubrí que había empezado a bailar

En muchas ocasiones me he preguntado por el origen del movimiento y lo he buscado conscientemente. Me he detenido, he escuchado y he dejado que surja; pero el mero hecho de poner atención en que aparezca ya me lleva a provocarlo. ¡Es tan sutil ese espacio! Un lugar germinal, sitio de nada y de todo, que si se intenta pensar y asir desaparece; quizás, entonces, la puerta de acceso no sea la razón sino el propio cuerpo. Al fin y al cabo, todos nos movemos al ritmo de la música y nos dejamos llevar por la inercia de algo que nos empuja sin que podamos siquiera del todo controlarlo; incluso aquellos que dicen no saber bailar se mueven por dentro, tarareando melodías y marcando la cadencia de cualquier canción con la punta del pie. Algo pasa, un impulso ingobernable que nos recorre y nos anima.

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cuando bailamos, ¿jugamos?

Sólo hay que observar un rato la naturaleza para percatarnos de que el aprendizaje de las cosas más elementales de la vida se produce a través del juego. Los cachorros saltan, corren, se mordisquean, cazan pequeños animales, tropiezan y se vuelven a levantar; al igual que los niños exploran el mundo con una mirada curiosa y confiada, ajena al peligro. Jugar nos mantiene creativos y en coherencia con esa parte infantil, ávida de recreo e imprudencias, que siempre nos acompaña y convive con nosotros.

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¿bailamos?

El cuerpo en movimiento tiene un carácter universal. También es manifestación de la cultura a la que pertenece, con su forma y gestos particulares, pero es capaz de traspasar esas barreras y revelar significados que puedan ser entendidos por todos. Es el idioma del pasado, del presente y del futuro. Su lenguaje se adapta a los tiempos que transita y almacena toda la sabiduría de los anteriores. Integra, refleja, aprende y trasciende.

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